Jul 20 2017

Movi Dental: una clínica (móvil) fundada por odontólogos UAM

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Natalia Barrios y Raúl Mora son una pareja de odontólogos poco convencional. En 2015 fundaron Movi Dental, un peculiar negocio con el que brindan servicios dentales móviles. Es decir que usted llama a este par de jóvenes, les comenta qué procedimiento desea hacerse y programa su cita, pero en lugar de ir a una clínica tradicional, ellos llegan a su casa o a la empresa donde usted labora para atenderlo.

Como muchas otras ideas de negocio, Movi Dental surgió de una plática informal. Una amiga en común de Raúl y Natalia – quien laboraba en Guacalito de la Isla – les comentó que al hotel arribaron unos dentistas a ofrecer sus servicios, solo que en lugar de ofrecerlos “in situ”, dejaron sus tarjetas para que sus clientes potenciales viajaran hasta Managua para visitarles.

¿Y si nosotros llegáramos al hotel y brindáramos el servicio allí? – se preguntaron ambos.

Eureka.

Los odontólogos empezaron a investigar sobre clínicas móviles y sobre maneras para materializar su idea. Se les ocurrió que visitarían empresas para que los trabajadores no tuvieran que moverse de sus lugares. “Esto conviene porque, dependiendo del tratamiento que te hagan, usualmente debés pedir el día para movilizarte hasta la clínica”, asegura Raúl.

A medida que la idea del negocio fue madurando, los jóvenes decidieron incluir la modalidad de visitas a domicilio. “Hicimos una lluvia de ideas sobre quiénes podían ser nuestros clientes: niños, personas de edad avanzada o con capacidades diferentes”, explica Natalia.

Mientras discutían el futuro de su potencial negocio, estos jóvenes no se imaginaban que las personas de la tercera edad y de capacidades diferentes, junto con pacientes que sufren de Cuadriplejía, derrames cerebrales, entre otras condiciones sensibles de salud, constituirían un nicho de mercado que, hasta ese momento, estaba completamente desatendido.

Innovar desde su profesión

Hoy día, Raúl y Natalia poseen un próspero negocio que debe su buena reputación no solo al servicio que prestan, sino a la publicidad “boca a boca” que han hecho sus pacientes. Sin embargo, llegar a este punto no ha sido sencillo.

“En un inicio, a la gente le daban mucho miedo acercarse a nosotros porque no sabían cómo los íbamos a atender (en una unidad móvil). Si de por sí los nicaragüenses le tienen temor al dentista, el sentimiento es todavía mayor cuando toca lidiar con algo nuevo”, afirma Natalia.

Raúl expresa que a algunos les preocupaba el tema de la higiene. “Muchos desconocen que la clínica dental no es un espacio estéril. Las herramientas de trabajo deben estar esterilizadas, pero el resto de cosas, como los muebles, el piso o los alrededores, no tienen por qué estarlo. Nosotros no trabajamos en un quirófano”, indica el odontólogo.

Para ser atendidos por estos emprendedores los requisitos son bastante sencillos. Lo primero es discutir con ellos qué procedimiento busca el paciente, ya que no todos se pueden hacer en en el microbús (o “La Móvil”, como ellos le llaman). Lo segundo es brindarles un espacio de 3×3 metros cuadrados que cuente con servicio de electricidad, agua y un baño. Se concreta la hora de la cita y listo.

Cabe mencionar que el precio de la consulta o tratamiento no varía entre la clínica física y el servicio móvil, siempre y cuando se efectúe en Managua.

El reto de emprender

Para Raúl y Natalia, montar un negocio desde cero ha sido complejo. Ambos se graduaron como odontólogos de la Universidad Americana (UAM) – aunque él con un diplomado en Periodoncia aplicada a la Prostodoncia – pero no contaban con los conocimientos para lidiar con el aspecto administrativo, legal y contable de una empresa que brinda servicios de salud.

“Siempre decimos que necesitábamos una clase para saber qué es la Dirección General de Ingresos (DGI) o la Alcaldía, o dónde sacar tu número RUC o tu código del Ministerio de Salud (MINSA). En nuestras carreras solo vimos matemática básica y estadística”, recuerda Raúl.

Los jóvenes también han tenido que aprender a mercadearse por sí mismos. Y cuando alquilaron el espacio donde ahora se encuentra su clínica física, se toparon con que debían ser hasta cierto punto arquitectos, para saber cómo dividir las distintas áreas del consultorio. Además, tuvieron que aprender a hacer inventario de material y decidir cuánto y cómo cobrar.

El camino hacia una especialidad

Como forma de culminación de estudios, Raúl cursó un Diplomado en Periodoncia aplicada a la Prostodoncia, un programa que la Universidad Americana brinda a estudiantes del recinto y a otros odontólogos graduados de otras entidades de educación superior.

“Me interesa estudiar Periodoncia, así que el diplomado me ayudó a tener una base para cuando lleve mi especialidad. Además, en mi clínica hago procedimientos que el odontólogo general usualmente no hace, como raspado y alisado, y alargamientos de corona sencillos. Haber tomado este diplomado fue una buena decisión”, concluye Raúl.

Para obtener más información sobre el diplomado en Periodoncia aplicada a la Prostodoncia, escríbanos a dpec@uam.edu.ni o visite el siguiente enlace: http://bit.ly/2jVAI4A