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Nov 29 2017

Cinco tips para forzarte a trabajar cuando no tenés ganas

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Publicado el 29 de noviembre, 2017

Las fiestas decembrinas se aproximan y, con ellas, aquel sentimiento permanente de no querer trabajar. Levantarte cuesta más, la sensación de que estás atrapado en la oficina aumenta y el deseo de compartir tu tiempo con tu familia y amigos está más presente que nunca.

Pero como todavía falta tiempo para que llegue el último día laboral del año, te compartimos las frases más comunes que pasarán por tu mente. Y Travis Bradberry, coautor del libro “Inteligencia Emocional 2.0” te brinda estrategias para contrarrestarlas:

1. “No sé dónde empezar”

Cuando nos enfrentamos a una tarea difícil, usualmente nos congelamos como un venado. Y como sucede con los venados, salimos corriendo en cualquier dirección…rápido, verdaderamente rápido.

La clave es no permitir que el miedo impida que te involucrés en el trabajo que te toca hacer. Si algo luce muy difícil, hacelo por etapas. Preguntate: ¿qué podés hacer en 60 minutos que te ayudará a “matar a la bestia”? Y luego, ¿qué podrías hacer en los siguientes 60 minutos?

Dividir las tareas en períodos de tiempo corto (donde el esfuerzo está garantizado) te permitirá descongelar tu mente. Antes de que te des cuenta, lograrás hacer algo y la tarea parecerá cada vez más factible de completar. La inactividad es tu peor enemigo cuando de tareas difíciles se trata.

2. “Hay demasiadas distracciones”

Para la mayoría de nosotros, empezar a trabajar en un proyecto grande es un reto. Y con frecuencia, nos topamos con todo tipo de tareas irrelevantes que nos distraen de la verdadera asignación. Respondés correos, hacés llamadas, revisás las noticias en línea… todo lo que exista para evitar lidiar con el “elefante” que tenés enfrente.

Recordá que estar ocupado no es lo mismo que ser productivo. Si estás enfocando todos tus esfuerzos en evitar realizar una tarea grande, detenete y visualizá todo lo que pasará si continuás posponiendo la asignación. Esta es una buena estrategia para hacer que las distracciones sean menos tentadoras.

3. “Es demasiado fácil”

Las tareas sencillas son sorprendentemente peligrosas porque, cuando las posponés, es fácil subestimar el tiempo que toma completarlas. Una vez que te sentás a trabajar en ellas, descubrís que no te has dado suficiente tiempo para desarrollarlas correctamente.

Si una asignación es demasiado fácil, visualizá conexiones con el panorama general. Así, convertirás tareas mundanas en una parte fundamental de tu trabajo.

Por ejemplo: digamos que detestás ingresar información a una base de datos, pero cuando pensás en el rol que los datos juegan en los objetivos estratégicos de tu área, la tarea que desempeñás adquiere una dimensión distinta. Ahora bien, recordá que si hacés una asignación a medias o mal hecha, el efecto se magnificará en la estructura de tu empresa.

4. “No me gusta”

La procrastinación no ocurre porque una tarea sea muy fácil o muy difícil. En algunas ocasiones, sucede porque simplemente no la queremos hacer. Aceptémoslo, es complejo trabajar en algo que te desinteresa o despreciás.

Como no podés huir de esas asignaciones, lo mejor es comprometerte a no tocar ningún otro proyecto hasta que hayás terminado el que te da dolores de cabeza. De esta manera, estás forzándote a “comer tus vegetales antes de disfrutar el postre”.

Una vez que comencés, planteate las siguientes preguntas:

¿Cómo podés hacer tus tareas más eficientemente?
¿Cómo podés cambiar los pasos del proceso y aún así obtener el mismo resultado?

Hacer de tu tarea un juego puede darte otra perspectiva. El trabajo podrá no ser divertido, pero la dinámica sí.

5. “No creo que pueda hacerlo”

Supongamos que tu supervisor te asignó una nueva tarea. Es algo que deseaste que te encargaran en el pasado, pero ahora que está en tus manos simplemente no podés empezar. Surgen en tu cabeza algunas de estas ideas:

¿Qué pasará si fallo?
¿Cómo voy a lograr hacer esto?
¿Me podrían despedir por esto?

Puede que llegués a un punto en que evitar el fracaso parecerá la mejor opción. Después de todo, si nunca te involucrás en este tipo de proyectos no habría espacio para fracasar. ¿Verdad?

¡Error! Procrastinar es, de hecho, un fracaso que no te permite usar tus talentos y habilidades. Debés dirigir tu pensamiento a todo aquello que podrás lograr cuando tengás éxito. Cuando creés – de verdad – que podés hacer algo y te visualizás triunfando, te equipás adecuadamente para lograr lo que te proponés.

Leé la versión original de este artículo aquí.